Mañana, tarde
o noche
tiempo lluvioso o radiante
una taza de café
huele a paz
junto a la
ventana, contemplando la calle.
Pesada monotonía.
Coches y coches,
tráfico asfixiante,
pero no se oye
nada.
Alumnos del
colegio y sus pequeñas historias,
esperanzas y futuro.
Tampoco se oye nada.
El olor del café,
removiendo la memoria,
emborracha los
latidos del corazón.
Ojos y horizonte,
llevada por las
ilusiones del gusto,
sin ruido ni fracaso, todo
se evapora en la espuma.escrito por : Sabrine Hosni
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